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lunes, 11 de abril de 2016

Geopolírica - Geopolítica y Lírica, subsecuencia de la historia de los pueblos ©Ivette Durán Calderón




©Ivette Durán Calderón

El término Geopolítica, es un neologismo cuyo creador es el geógrafo sueco Rudol Kjellén, ya que explicó los principios fundamentales de  tal palabra en su obra titulada: Introducción a la Geografía Sueca el año 1900, seis años más tarde,  al publicar otro de sus libros: El Estado como Organismo Viviente, introdujo el término. La Geopolítica es una ciencia que se ocupa del estudio de la historia y la vida de los pueblos en su entorno geográfico. Generalmente se respalda en otras disciplinas, como ser la Historia, la Geografía descriptiva y la Geografía Política.

Cuando la palabra se convirtió en el principal medio de comunicación,  el ser humano se volvió un animal comunicador.  Aprendió a vincular su lenguaje oral con signos y dibujos que le permitían transmitir sus mensajes entre los miembros de su comunidad, creando de ese modo, un sentido de pertenencia geográfica de su colectividad.

Las antiguas culturas del actual territorio latinoamericano —mayas, aztecas, aymaras, quechuas, guaraníes y mapuches—,  siempre fueron poseedores de su propia historia, la cual fue transmitida oralmente por medio de cánticos, lamentos, rogativas y salutaciones, primero, y a través de signos y alegorías, después. Las expresiones lingüísticas que crearon para mantenerse comunicados y marcar su soberanía territorial, dieron paso a los diferentes dialectos territoriales. En aras de la expansión, iban conquistando territorios a través de contiendas bélicas; los vencedores imponían su dialecto,  sus deidades y sus costumbres a los vencidos.

Por lo tanto, su historia siempre ha estado intrínsecamente ligada a la lírica metafórica, la cual permitió la comunicación con sus colonizadores, ya que, además de estar obligados a aprender un nuevo idioma y ser sometidos a través de la religión,  estaban moralmente comprometidos a mantener sus raíces culturales.  Todo esto lo permitieron las metáforas de la lírica que era empleada para catequizarlos, y también para mantenerse comunicados entre ellos. Los versos líricos siempre fueron el vehículo transmisor de la historia, aunque algunos filósofos discernían entre aceptar la poesía o la filosofía, como verdadero testimonio de la historia de los pueblos.

Fue precisamente una metáfora, la primera definición de aquella América descubierta por europeos que tenían la visión y conocimientos del Renacimiento. Asimismo, el sacerdote español y  cronista de indias, Juan de Castellanos (1522-1607) —autor de los ciento cuarenta y cuatro mil versos de sus Elegías de varones ilustres de Indias—, escogió versos en octavas reales para reseñar la odisea de Cristóbal Colón,  en ellas describe el desconcierto de los conquistadores,  frente a los primeros indígenas americanos encontrados en el Caribe:

[…]“Y ven desde los pies a la cabeza
andar hombres desnudos por las playas,
mujeres do la vista se endereza,
sin arreos de mantas ni de sayas,
por ser sus policías y conciertos,
andar galán y dama descubiertos.
Salían a mirar nuestros navíos
volvían a los bosques espantados,
huían en canoas por los ríos,
no saben qué hacerse de turbados;
entraban y salían de buhíos,
jamás de estraña gente visitados;
ningún entendimiento suyo lleva
poder adevinar cosa tan nueva. […]
Fueron estas naciones divididas
de las partes do fueron procedentes,
antes de ser las letras entendidas
ni se comunicara a todas gentes;
como tampoco son hoy conocidas
de infinitos hombres incipientes…”[…]

He aquí, el lazo amoroso entre historia y lírica, ya que el poeta supo intuir y sentir aquello que los soldados ni siquiera sospechaban.

Este recorrido imaginario desde tiempos precoloniales, conquista, independencia y demás sucesos históricos, aún en nuestros días embelesa por la sutil descripción  de los acontecimientos y lugares hechos verso, sumada la mágica transmisión de sentimientos.

Geopolírica es un neologismo, uno más de los miles que produjo el encuentro de culturas con sus respectivas lenguas o dialectos, donde se incorporaron palabras y expresiones indigenistas al castellano de los españoles y hasta al portugués de los lusos conquistadores, asimismo, el efecto contrario fue, que más que introducir expresiones castizas y autóctonas de los pueblos conquistados, éstas se distorsionaron y se adaptaron para ser utilizadas como instrumento de evangelización,  hasta que aceptaron que la mejor forma de comunicarse era americanizando su lenguaje castellano —conocido como español—.

La lírica poética, a través de la literatura es el mejor nexo cultural, mucho mejor que las ciencias sociales y que las ciencias políticas y es, a través de sus diversos representantes sin distinción de sexo o raza, que llegó hasta nuestros días la verdadera historia de los pueblos. Aquí no se impone la fuerza viril de los varones ni la delicada pluma femenina, tampoco la lírica angustiosa y valiente de los poetas negros —llamados actualmente afroamericanos—, precisamente por eso, es que la lucha permanente por mantenerse viva la lírica indigenista, merece nuestro apoyo, a través de la difusión y el respeto.

La mezcla de dialectos, lenguas e idiomas generada por la presencia árabe, morisca, ibérica, celta, romana y autóctona —incluyendo las lenguas romances—, se ha visto desde sus inicios, domeñada por el panteísmo indígena latinoamericano, volviendo de ese modo, armónica y solemne la comunicación oral,  a la que incorporaron sus instrumentos musicales autóctonos, imbuidos por la influencia africana llena de ritmo, dulzura, fuerza y sensibilidad.


La pléyade  de poetas y poetisas que fueron surgiendo, dejaron imperecedera huella de su lírica en todo el ámbito geográfico que les ha tocado recorrer y vivir por periodos de tiempo indeterminados, fieles historiadores de la vida, se hicieron eco de los acontecimientos políticos y sociales de cada momento histórico; son los genuinos representantes de la Geopolírica, la misma que sin ser ciencia propia, ha sido, es y será parte de todas las ciencias afines a los pueblos.
*(Libro Geopolírica .Cap.: Lírica latinoamericana  ©Kary Kamalich)

martes, 17 de marzo de 2015

Poetisa, musa de musas @Ivette Durán Calderón*


Poetisa, musa de musas

Féminas dueñas de la pluma poética,
¿por qué os llamáis poetas, si sois mujeres?
¿acaso son cosa de hombres estos quehaceres?
asumo que es soberbia, no ausencia de ética.

Si hay quien aún pretenda cambiar el sustantivo,
será acaso poetastro el de los versos viles
y llamaréis poetastra a las coplas gentiles,
llamad a él poeto y a ella poeta, me suscribo

Y lo que aquí expongo no es cosa de risas
no es peyorativo, si otrora fue un estigma,
ser musa de una musa, no es ningún enigma,
por eso al poetizar, firmad como poetisas.



La poética, afición de tanto hombres como mujeres, es cosa de todos los tiempos. Ellos y ellas desde siempre han transcrito sentires y pesares en prosa y verso; dependiendo del momento histórico, ha imperado el machismo y la falsa supremacía intelectual masculina sobre la femenina.

Hombres que escriben poemas no pasan por la disyuntiva de aquellas mujeres que en un momento dado, no saben si llamarse a sí mismas, poetas o poetisas. Está muy claro que poetisa, deriva del latín poetissa, por lo que se define, se entiende y se asume que se refiere a toda mujer que escribe obras poéticas; algún diccionario va más allá y aclara que es la mujer que está dotada de las facultades necesarias para componerlas. Alguno de ellos fue más osado al definir que poetisa es aquella mujer poeta.

Históricamente la palabra en cuestión, ha sido estigmatizada, pues hubo un tiempo en el que los escritos de algunas mujeres eran considerados frívolos, incongruentes o carentes de sentido, por ello se dieron a la tarea de llamarlas "poetisas", de manera peyorativa, menospreciando su talento. Cabe destacar que más de una vez habrá sido producto de la envidia masculina.  Lo curioso es que poemas de pésima calidad no fueron cuestionados con tanta dureza, aquellos hombres cuyo verso o prosa no calaba en el entendimiento ajeno, fueron llamados poetastros, eran malos poetas. No puedo asegurar si algunos poetas buenos, escribían malos poemas, pues eso se da aún en nuestros días.

Lo cierto es que fueron las mismas poetisas quienes dejaron de llamarse a sí mismas como tales y asumieron que eran poetas, en un equivocado intento de distinguirse de aquellas mujeres de pluma "cursi y banal" que habían sido injustamente discriminadas entre los vates líricos.

¿Vates? Pues sí, vates o lo que es lo mismo, poetas, profetas o…adivinos. Tendríamos entonces a su homóloga en versión femenina, la pitonisa, quien al igual que cualquier vate profetizaba y auguraba acontecimientos variados en exquisita prosa rítmica, muy afín al verso saturnino. Hoy por hoy, un insigne poeta es llamado vate, pero no llaman pitonisa a una egregia poetisa. Y esto tiene su explicación pues  la "Poética" de Aristóteles, nos recuerda que no corresponde al poeta decir lo que ha sucedido, sino lo que podría suceder, esto es, lo posible según la verosimilitud o la necesidad. En efecto, el historiador y el poeta no se diferencian por decir las cosas en verso o en prosa, sino en que uno dice lo que ha sucedido, y el otro, lo que podría suceder.





Poetisa, sustantivo con femenino irregular como tal, ha existido desde tiempos remotos,  concretamente desde el siglo XII, no había necesidad de recurrir a la palabra poeta para confirmar la existencia de la mujer que escribe poemas. Cuando la forma masculina termina en consonante se agrega -a: profesor/profesora; león/leona; dios/diosa; marqués/marquesa; aunque hay sustantivos terminados en -or que forman el femenino con la desinencia -triz:  actor      emperador/   actriz     emperatriz. En otros casos, como el que nos ocupa,  cambia la terminación del masculino por -esa, -isa, -ina: conde/condesa; poeta/poetisa; héroe/heroína.

Podemos citar dos tipos de argumentación para intentar justificar o avalar el empleo de la palabra poeta en vez de poetisa. El primero, puramente gramatical (poeta es un sustantivo común en cuanto al género) y el segundo es sociolingüístico (las connotaciones negativas que pueda tener la forma femenina de este sustantivo).
El sustantivo poeta (del latín poēta, y éste del griego ποιητής [poietés]) es de género común, la diferencia de género lo define el artículo u otros determinantes: el poeta / la poeta.
La RAE asigna a  la voz poeta con la abreviatura com. (“nombre común en cuanto al género”), que aparece por primera vez en la vigésima segunda edición (2001) del DRAE. En ediciones anteriores, la voz poeta aparecía como sustantivo masculino, para el femenino había la entrada separada poetisa. Si bien la RAE mantiene esta doble entrada (poeta y poetisa), a partir de 2001 modifica el género de poeta (ahora bajo la abreviatura com.) el poeta / la poeta.

El "Diccionario Panhispánico de dudas", de la RAE (2005) sostiene que la forma femenina tradicional y más usada es poetisa, pero a su vez admite que “modernamente se utiliza también la forma poeta como común en cuanto al género (el/la poeta)”. El género común del sustantivo poeta está avalado también por Elio Antonio de Nebrija (1441-1522), humanista y gramático español, quien en 1492, en su “Diccionario latino-español”, recoge ya poeta como única forma para “varón” y “hembra”, así como por Lope de Vega, en 1602. Es decir, para estos autores el sustantivo poeta es de género común.

Los libros de estilo reservan poeta para el género masculino: Libro de estilo de ABC: “la mujer que hace versos es poetisa, no poeta”. Libro de estilo de El País: “la mujer que hace versos es poetisa, no poeta”.

Son conocidos los casos en los que mentes brillantes femeninas se vieron forzadas por motivos diversos, a escudarse detrás de un nombre masculino, a veces del esposo, o de un pseudónimo. La injusticia social ha sido más irreverente, pues un trabajo bien hecho no era posible que hubiera sido escrito por una mujer, así lo recuerda la boliviana Adela Zamudio en su poema ”Nacer Hombre”…//sigue él siendo la cabeza,//¡porque es hombre!// si algunos versos escribe,//de alguno esos versos son,//que ella sólo los suscribe.//(permitidme que me asombre).//si ese alguno no es poeta,//¿por qué tal suposición?//¡porque es hombre!...//

Poco a poco las poetisas van reivindicando su apelativo, ese controversial sustantivo que existe, está ahí y debe permanecer vigente. Paulatinamente van saliendo a la luz diferentes libros, ensayos, novelas,  antologías, poemas y artículos variados donde la palabra poetisa ya no molesta, no incomoda, ni llama la atención, es más, mantiene viva la idea de que las poetisas están presentes. En literatura internacional tenemos a la española Luzmaría Jiménez Faro  y su gran contribución con su “Antología de Poetisas Españolas” y su ensayo “Poetisas suicidas y otras muertes extrañas”, cuyos nombres hablan por sí solos del contenido de sus magistrales obras.
La autora del presente artículo, hizo un  análisis comparativo, casi un duelo de poetas y poetisas geopolíticamente hablando, en su ensayo “Ellos y Ellas, Sinopsis de la Lírica Latinoamericana”. “La poetisa”, del español  Jesús Tíscar Jandra, es una interesante novela que desmitifica el entramado poético, llevándolo al otro extremo, con una buena dosis de escatología y de buen humor, sarcasmo o malicia, según se mire. 

No podemos quedar indiferentes ante los soberbios poemas en prosa y verso, que remarca el rol protagónico de las poetisas de todos los tiempos, tal el caso de los romances de “La poetisa en un pueblo” de Carolina Coronado…//¡Ya viene, mírala! ¿Quién?//—Ésa que saca las copias.//—Jesús, qué mujer tan rara.//—Tiene los ojos de loca.//Diga V., don Marcelino,//¿será verdad que ella sola//hace versos sin maestro?//—¡Qué locura!, no señora;//anoche nos convencimos//…// Esos versos los compone otra cualquiera persona,//y ella luego, por lucirse,//sin duda se los apropia.//—Porque digan que es romántica.//—¡Qué mujer tan mentirosa!//…

No puede decirse más claro, así tenemos el “Soneto a Ellos y Ellas” [cuya autoría me pertenece] …//¡Cómo rendir tributo a la dedicación e ingenio//de poetas y poetisas que legaron su don!...// ¡Gracias por los poemas, gracias queridos hombres!//mi reconocimiento, mujeres por hacer//¡inmortal, recio,  el verso  latinoamericano!

Músicos y compositores como el además poeta cubano Silvio Rodríguez, se rindieron ante la mujer poetisa dedicándole delicada lírica…// Vi primero tu pelo,//tu cuerpo castaño camina,//farol al encuentro,//adoquín de esquina//en la Plaza San José,//tus ojos que brillan,//cercano el momento,//y tú caminas sin prisa,//mujer poetisa.

Artistas españoles se suman a esta causa con la letra de  Narci Lara y la música de  Raúl Rueda, “La poetisa”…//los cielos sobre un cometa azul//viajando sin órbita espacial//poetisa linda, sigue escribiendo esta canción.

Poemas, canciones que poco a poco asientan con fuerza algo que es nuestro, siempre lo fue: la palabra poetisa.

En Austria, en ciertos círculos, persiste aún la costumbre de adjudicarle a la mujer el título académico del marido (Frau Doktor, Frau Professor, mujer del Doctor, mujer del Profesor), pero sin sorna ni intención despectiva, sino para resaltar su estrato social. No se tiene noticias de alguna Frau Dichter (mujer del poeta).

Los tiempos han cambiado y seguirán cambiando, por lo que ya no es posible concebir ahora que a las mujeres se les cuelgue el título del marido. Llamar poetisa a  quien escribe poemas, no es ser “progre”,  ni es cuestión de sexismo del idioma español. Las palabras, cuando son claras y  están bien hechas,  deben cumplir su función y dignificar su significado.
*Investigadora histórico-social.