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miércoles, 1 de agosto de 2018

Poetisa, musa de musas - Poema @ Ivette Durán Calderón


Poetisa, musa de musas



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Féminas dueñas de la pluma poética,
¿por qué os llamáis poetas, si sois mujeres?
¿acaso son cosa de hombres estos quehaceres?
asumo que es soberbia, no ausencia de ética.

Si hay quien aún pretenda cambiar el sustantivo,
será acaso poetastro el de los versos viles
y llamaréis poetastra a las coplas gentiles,
llamad a él poeto y a ella poeta, me suscribo

Y lo que aquí expongo no es cosa de risas
no es peyorativo, si otrora fue un estigma,
ser musa de una musa, no es ningún enigma,
por eso al poetizar, firmad como poetisas.

                                                                                               ©Ivette Durán Calderón



jueves, 8 de octubre de 2015

Vivir en el anonimato © Ivette Durán Calderón


@Ivette Durán Calderón





Nietzche afirma que la modestia es una gran mentira…admirable tal vez si tiene límite, como lo es para mí la alabanza, aunque digo que en voz propia… envilece, cierra puertas y ventanas, despierta pasiones encontradas, envidia, frustración ... aparejadas.
Vanidad absurda y modestia persistente, separadas por un abismo sin aprender a situarse… no logran ubicarse en el justo medio del valor o la cobardía.
¿Qué falta…? Tal vez apreciación cierta de la real valía sin lesionar vanidad ni modestia.
Falsa modestia... que esconde cualidades. Cobarde sentimiento injusto que no permite dar a conocer lo que se es... lo que se tiene... lo que se sabe.
“Por sus obras los conoceréis” …dice la Biblia. ¿Cómo dar a conocer las mejores obras…? …¿Dónde? …¿Sin despertar envidia…ni ser ególatra, o hacerse esclavo de la vanidad?
Vivir en el anonimato, o… casi, es depender de estribos inferiores, disponibles, perennes pero fríos, porque la vida…la vida es una constante duda entre el recato y la jactancia.

Es entonces cuando el anonimato se convierte en el mejor escudo contra la envidia, la maldad. Es entonces cuando uno debe mostrarse al mundo con esa falsa modestia que le permitirá subsistir. Es entonces cuando se cumple la locución del comediógrafo latino Tito Macio Plauto  en su obra Asinaria, donde el texto exacto dice: "Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit." (Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro).

martes, 17 de marzo de 2015

Poetisa, musa de musas @Ivette Durán Calderón*


Poetisa, musa de musas

Féminas dueñas de la pluma poética,
¿por qué os llamáis poetas, si sois mujeres?
¿acaso son cosa de hombres estos quehaceres?
asumo que es soberbia, no ausencia de ética.

Si hay quien aún pretenda cambiar el sustantivo,
será acaso poetastro el de los versos viles
y llamaréis poetastra a las coplas gentiles,
llamad a él poeto y a ella poeta, me suscribo

Y lo que aquí expongo no es cosa de risas
no es peyorativo, si otrora fue un estigma,
ser musa de una musa, no es ningún enigma,
por eso al poetizar, firmad como poetisas.



La poética, afición de tanto hombres como mujeres, es cosa de todos los tiempos. Ellos y ellas desde siempre han transcrito sentires y pesares en prosa y verso; dependiendo del momento histórico, ha imperado el machismo y la falsa supremacía intelectual masculina sobre la femenina.

Hombres que escriben poemas no pasan por la disyuntiva de aquellas mujeres que en un momento dado, no saben si llamarse a sí mismas, poetas o poetisas. Está muy claro que poetisa, deriva del latín poetissa, por lo que se define, se entiende y se asume que se refiere a toda mujer que escribe obras poéticas; algún diccionario va más allá y aclara que es la mujer que está dotada de las facultades necesarias para componerlas. Alguno de ellos fue más osado al definir que poetisa es aquella mujer poeta.

Históricamente la palabra en cuestión, ha sido estigmatizada, pues hubo un tiempo en el que los escritos de algunas mujeres eran considerados frívolos, incongruentes o carentes de sentido, por ello se dieron a la tarea de llamarlas "poetisas", de manera peyorativa, menospreciando su talento. Cabe destacar que más de una vez habrá sido producto de la envidia masculina.  Lo curioso es que poemas de pésima calidad no fueron cuestionados con tanta dureza, aquellos hombres cuyo verso o prosa no calaba en el entendimiento ajeno, fueron llamados poetastros, eran malos poetas. No puedo asegurar si algunos poetas buenos, escribían malos poemas, pues eso se da aún en nuestros días.

Lo cierto es que fueron las mismas poetisas quienes dejaron de llamarse a sí mismas como tales y asumieron que eran poetas, en un equivocado intento de distinguirse de aquellas mujeres de pluma "cursi y banal" que habían sido injustamente discriminadas entre los vates líricos.

¿Vates? Pues sí, vates o lo que es lo mismo, poetas, profetas o…adivinos. Tendríamos entonces a su homóloga en versión femenina, la pitonisa, quien al igual que cualquier vate profetizaba y auguraba acontecimientos variados en exquisita prosa rítmica, muy afín al verso saturnino. Hoy por hoy, un insigne poeta es llamado vate, pero no llaman pitonisa a una egregia poetisa. Y esto tiene su explicación pues  la "Poética" de Aristóteles, nos recuerda que no corresponde al poeta decir lo que ha sucedido, sino lo que podría suceder, esto es, lo posible según la verosimilitud o la necesidad. En efecto, el historiador y el poeta no se diferencian por decir las cosas en verso o en prosa, sino en que uno dice lo que ha sucedido, y el otro, lo que podría suceder.





Poetisa, sustantivo con femenino irregular como tal, ha existido desde tiempos remotos,  concretamente desde el siglo XII, no había necesidad de recurrir a la palabra poeta para confirmar la existencia de la mujer que escribe poemas. Cuando la forma masculina termina en consonante se agrega -a: profesor/profesora; león/leona; dios/diosa; marqués/marquesa; aunque hay sustantivos terminados en -or que forman el femenino con la desinencia -triz:  actor      emperador/   actriz     emperatriz. En otros casos, como el que nos ocupa,  cambia la terminación del masculino por -esa, -isa, -ina: conde/condesa; poeta/poetisa; héroe/heroína.

Podemos citar dos tipos de argumentación para intentar justificar o avalar el empleo de la palabra poeta en vez de poetisa. El primero, puramente gramatical (poeta es un sustantivo común en cuanto al género) y el segundo es sociolingüístico (las connotaciones negativas que pueda tener la forma femenina de este sustantivo).
El sustantivo poeta (del latín poēta, y éste del griego ποιητής [poietés]) es de género común, la diferencia de género lo define el artículo u otros determinantes: el poeta / la poeta.
La RAE asigna a  la voz poeta con la abreviatura com. (“nombre común en cuanto al género”), que aparece por primera vez en la vigésima segunda edición (2001) del DRAE. En ediciones anteriores, la voz poeta aparecía como sustantivo masculino, para el femenino había la entrada separada poetisa. Si bien la RAE mantiene esta doble entrada (poeta y poetisa), a partir de 2001 modifica el género de poeta (ahora bajo la abreviatura com.) el poeta / la poeta.

El "Diccionario Panhispánico de dudas", de la RAE (2005) sostiene que la forma femenina tradicional y más usada es poetisa, pero a su vez admite que “modernamente se utiliza también la forma poeta como común en cuanto al género (el/la poeta)”. El género común del sustantivo poeta está avalado también por Elio Antonio de Nebrija (1441-1522), humanista y gramático español, quien en 1492, en su “Diccionario latino-español”, recoge ya poeta como única forma para “varón” y “hembra”, así como por Lope de Vega, en 1602. Es decir, para estos autores el sustantivo poeta es de género común.

Los libros de estilo reservan poeta para el género masculino: Libro de estilo de ABC: “la mujer que hace versos es poetisa, no poeta”. Libro de estilo de El País: “la mujer que hace versos es poetisa, no poeta”.

Son conocidos los casos en los que mentes brillantes femeninas se vieron forzadas por motivos diversos, a escudarse detrás de un nombre masculino, a veces del esposo, o de un pseudónimo. La injusticia social ha sido más irreverente, pues un trabajo bien hecho no era posible que hubiera sido escrito por una mujer, así lo recuerda la boliviana Adela Zamudio en su poema ”Nacer Hombre”…//sigue él siendo la cabeza,//¡porque es hombre!// si algunos versos escribe,//de alguno esos versos son,//que ella sólo los suscribe.//(permitidme que me asombre).//si ese alguno no es poeta,//¿por qué tal suposición?//¡porque es hombre!...//

Poco a poco las poetisas van reivindicando su apelativo, ese controversial sustantivo que existe, está ahí y debe permanecer vigente. Paulatinamente van saliendo a la luz diferentes libros, ensayos, novelas,  antologías, poemas y artículos variados donde la palabra poetisa ya no molesta, no incomoda, ni llama la atención, es más, mantiene viva la idea de que las poetisas están presentes. En literatura internacional tenemos a la española Luzmaría Jiménez Faro  y su gran contribución con su “Antología de Poetisas Españolas” y su ensayo “Poetisas suicidas y otras muertes extrañas”, cuyos nombres hablan por sí solos del contenido de sus magistrales obras.
La autora del presente artículo, hizo un  análisis comparativo, casi un duelo de poetas y poetisas geopolíticamente hablando, en su ensayo “Ellos y Ellas, Sinopsis de la Lírica Latinoamericana”. “La poetisa”, del español  Jesús Tíscar Jandra, es una interesante novela que desmitifica el entramado poético, llevándolo al otro extremo, con una buena dosis de escatología y de buen humor, sarcasmo o malicia, según se mire. 

No podemos quedar indiferentes ante los soberbios poemas en prosa y verso, que remarca el rol protagónico de las poetisas de todos los tiempos, tal el caso de los romances de “La poetisa en un pueblo” de Carolina Coronado…//¡Ya viene, mírala! ¿Quién?//—Ésa que saca las copias.//—Jesús, qué mujer tan rara.//—Tiene los ojos de loca.//Diga V., don Marcelino,//¿será verdad que ella sola//hace versos sin maestro?//—¡Qué locura!, no señora;//anoche nos convencimos//…// Esos versos los compone otra cualquiera persona,//y ella luego, por lucirse,//sin duda se los apropia.//—Porque digan que es romántica.//—¡Qué mujer tan mentirosa!//…

No puede decirse más claro, así tenemos el “Soneto a Ellos y Ellas” [cuya autoría me pertenece] …//¡Cómo rendir tributo a la dedicación e ingenio//de poetas y poetisas que legaron su don!...// ¡Gracias por los poemas, gracias queridos hombres!//mi reconocimiento, mujeres por hacer//¡inmortal, recio,  el verso  latinoamericano!

Músicos y compositores como el además poeta cubano Silvio Rodríguez, se rindieron ante la mujer poetisa dedicándole delicada lírica…// Vi primero tu pelo,//tu cuerpo castaño camina,//farol al encuentro,//adoquín de esquina//en la Plaza San José,//tus ojos que brillan,//cercano el momento,//y tú caminas sin prisa,//mujer poetisa.

Artistas españoles se suman a esta causa con la letra de  Narci Lara y la música de  Raúl Rueda, “La poetisa”…//los cielos sobre un cometa azul//viajando sin órbita espacial//poetisa linda, sigue escribiendo esta canción.

Poemas, canciones que poco a poco asientan con fuerza algo que es nuestro, siempre lo fue: la palabra poetisa.

En Austria, en ciertos círculos, persiste aún la costumbre de adjudicarle a la mujer el título académico del marido (Frau Doktor, Frau Professor, mujer del Doctor, mujer del Profesor), pero sin sorna ni intención despectiva, sino para resaltar su estrato social. No se tiene noticias de alguna Frau Dichter (mujer del poeta).

Los tiempos han cambiado y seguirán cambiando, por lo que ya no es posible concebir ahora que a las mujeres se les cuelgue el título del marido. Llamar poetisa a  quien escribe poemas, no es ser “progre”,  ni es cuestión de sexismo del idioma español. Las palabras, cuando son claras y  están bien hechas,  deben cumplir su función y dignificar su significado.
*Investigadora histórico-social.



viernes, 12 de septiembre de 2014

Devaneos de la mente © Ivette Durán Calderón


@Ivette Durán Calderón


Me considero católica, creo en Dios, pero no se orar. No logro distinguir mis pecados de mis acciones de defensa y siento que no debo pedir ni absolución ni penitencia.

Hace mucho que dejé de confesar mis “pecados” a un hombre vestido con sotana, cuyo historial íntimo desconozco.

Encontrándome de hinojos en la iglesia, motivada por la fe ajena a mi rebelde creencia….no sé qué pedir a este santo de los casos imposibles. Me conmueve la fe de los penitentes, los veo ingresar con sendos ramos florales, la cara acongojada, avanzando de rodillas hacia el altar, con los brazos en alto y las manos extendidas, murmurando frases ininteligibles. Pese a mi esfuerzo, no puedo enterarme si claman perdón, favores o dan las gracias.

¿Qué hago aquí?, me pregunto. Si ni siquiera sé lo que debo pedir, ofrecer o agradecer.

Hace calor afuera. Todas las iglesias ofrecen sombra fresca, un asiento y el silencio necesario para aplacar los gritos del alma.

miércoles, 13 de agosto de 2014

La "K", una letra con historia...distingue y provoca, pero no es nuestra.


Movida por la curiosidad acerca de esta enigmática letra, poco utilizada en el español, encontré variada información; entre toda ella desgloso un artículo periodístico del académico Rodríguez Adrados, donde hace unas reflexiones sobre la letra k y la cantidad de palabras que hoy mucha gente se empeña en escribir con esta letra.
Haciendo historia sobre la k, hay que recordar que el griego antiguo tenía las letras k y q para el mismo sonido. Las dos pasan al latín, donde ya existía la c. Pronto desaparece de esta lengua la letra k, triunfando la c para este sonido y quedando la q como compañera inseparable de la u. Y los cultismos procedentes del griego, al pasar por el latín cambian la k en c.
La c, heredada del latín, es la letra castiza, típica y genuina del español.
Entonces, ¿por qué la moderna invasión de la k? Pues porque cuando se toma una palabra directamente del griego, existe la tentación del uso de la k. También pasa en inglés, a pesar de estar muy latinizado. Pero hay más.
La K es la undécima letra y la octava consonante del alfabeto español y del alfabeto latino básico. Su nombre en español es femenino: la ka, en plural kas
Las lenguas germánicas se escribieron con un alfabeto prácticamente griego, por lo que abundaba la letra k. Su triunfo fue total en alemán. Y de ahí nos llegan apellidos como Kant, Kodack, Krause, y surgen en español, kantismo, krausismo, etcétera. Y otras como kinder, káiser, Volkswagen... Alemanes e ingleses trajeron a Occidente cosas exóticas que se escribían con k: de India, karma, Kamasutra; de Japón, kamikaze; y de China nos llega el kiwi. Y como las lenguas eslavas tienen también alfabeto griego, abunda la k: Kremlin, Kruschev, etcétera. Todas exóticas, diferentes. Y el que quiere distinguirse echa mano de la k. Aunque no la necesite. Se ha convertido en un rasgo distintivo frente a la c y la q. O un recurso cómodo que muchos jóvenes utilizan en los teléfonos celulares para ahorrar letras.
La k distingue y provoca, pero no es nuestra. Y lo cierto es que para ese sonido, en español, con nuestra c y alguna que otra q, nos basta y sobra.
Kary…Qary…Cary… me quedo con la K.

jueves, 17 de julio de 2014

Esos periodos de tiempo sin número


Recordar o aprender palabras que señalan etapas o periodos de tiempo determinados, es un buen entretenimiento, así recordé términos concretos y comunes: segundo, minuto, hora; genéricos: instante, momento, rato, temporada; esquivos e indeterminados: lapso, tracto, impás, recreo, descanso, pausa, latencia, dilación; los mundialmente conocidos: día, semana, quincena, mes, año, década, siglo, centuria,  milenio.
Entre las palabras olvidadas y desconocidas que determinan periodos de tiempo concretos, sin usar un número cardinal me encontré éstas:
Bianual:
Que sucede dos veces al año, suele llamarse semestral.
Bienal:
Evento o suceso que tiene lugar cada dos años.
Bienio, trienio, sexenio:
Periodos de dos, tres, seis años, usados para referirse a periodos históricos y/o políticos.
Cincuentaina:
Voz anticuada para llamar a una mujer de cincuenta años de edad. Llámase cincuentón, al varon.
Cuadricenal:
Cuadragenario. Si alguien ya cumplió cuarenta años de vida, coloquialmente puede ser llamado cuarentón. 
Cuarentena:
Cuarenta unidades de días, meses, años. Aplicado en el ámbito sanitario y médico.
Decalustro:
Deca = diez; lustro= cinco. Cincuenta. Para estos periodos de tiempo también se usan los términos jubileo, cincuentenario, quincuagenario.
Eón:
Cada uno de los intervalos de tiempo en que se considera dividida la historia de la Tierra desde el punto de vista geológico y paleontológico.
Hebdomadario:
Periodo de siete días, equivalente a semanal. La palabra hebdómada se aplica solo al periodo de siete años.
Hebdómada:
Periodo de siete años.
Hecatombe:
Confundida con fin de época, fin del mundo, o catástrofe con gran mortandad, esta palabra griega originalmente se refería a un sacrificio religioso de cien bueyes, luego se extendió a todo gran sacrificio, independientemente del número de víctimas y del animal. Así, se encuentra en la Ilíada una hecatombe de doce bueyes, otra de cincuenta carneros, y en la Odisea, una de ochenta y un bueyes.
Lustro:
Periodo de cinco años. Conocido también como quinquenio. Etimológicamente, "lustro" proviene del latín "lustrum", que quiere decir "limpio, puro", realizando las ceremonias de purificación cada cinco años.
Novena: 
Nueve días, aplicado sobre todo a celebraciones religiosas, que tienen lugar durante los nueve días anteriores, posteriores o concurrentes con un determinado evento.
Ñor:
Tratamiento coloquial y anticuado para referirse a un mayor de cuarenta años. Propio de algunos  países centroamericanos.
Ochentañal: 
De ochenta años.
Quintañón:
Coloquialmente, que tiene cien años.
Sesqui-:
Prefijo de origen latino emparentado con "semi-", que, unido a un nombre, expresa "uno y medio" o proporción de dos a tres: "sesquihora", hora y media; "sesquióxido", óxido que contiene la mitad más de óxido que el protóxido.
Sesquidécada:
Periodo de quince años.
Sesquicentenario:
En alusión directa de la entrada "Sesqui", periodo de ciento cincuenta años. Un siglo y medio.
Sexagenario, heptagenario, octogenario, nonagenario:
Relativo a  sesenta, setenta, ochenta, noventa años.
Tricenal:
Que sucede, repite o dura treinta años.
Trimestre, cuatrimestre, semestre:
Periodos de tres, cuatro o seis meses, normalmente usados para referirse a periodos académicos o económicos.
Vicenal:
Que sucede, repite o dura veinte años. También veinteñal, veintenario.


sábado, 24 de mayo de 2014

Odio © Kary Kamalich


Sempiterna agresión rastrera © Ivette Durán Calderón


@Ivette Durán Calderón

El hombre es por antonomasia un ser social, ya que puede y debe vivir en sociedad; para ello ha establecido normas que se han ido mejorando con el transcurrir del tiempo y con el progreso mismo de la humanidad.



Basándonos en las enseñanzas del filósofo francés Felicien Challaye, consideramos importante entender que para vivir en paz y buscar la felicidad, es necesario ser tolerantes con los errores ajenos, practicar la solidaridad e impartir justicia como un ideal importante del esfuerzo humano.

En el entendido de que el sentimiento que nos lleva a no perjudicar a otro es el de la justicia, al sentimiento que nos impulsa a hacer bien a los demás se le puede llamar caridad, entendiéndose por tal, el amor a los otros hombres sin que intervenga el amor de Dios. 



De ordinario los deberes del hombre para con la humanidad se dividen en deberes de justicia y deberes de caridad.


Los deberes de justicia son comúnmente negativos pues consisten en abstenerse antes que en obrar y se expresan por medio de negaciones: no matar, no robar, no hacer el mal, no mentir.

De hecho, la justicia es el respeto al derecho o a los derechos del otro. Asimismo, la justicia ha sido definida como el sentimiento que nos impulsa a no hacer daño a los demás, siendo precisamente justos.

EL vocablo es aplicable a los seres humanos y a las sociedades puesto que el hombre justo procura no hacer a los otros lo que a él no quisiera que otros le hiciesen. Una sociedad justa es una sociedad en que los derechos de todos son igualmente respetados.

De un modo general, los deberes de justicia consisten en respetar la vida de los demás, su libertad, su facultad de pensar libremente, su propiedad, su honor, los contratos suscritos y las promesas hechas.

Es verdad que nuestro honor salvaguardado dentro de nosotros mismos, se hallará libre de todo ataque exterior, y además, es injusto privar a los demás del beneficio de la buena reputación motivados por intereses mezquinos, sean éstos políticos o simplemente personales. En este aspecto se condenan la injuria y el ultraje; la maledicencia que da a conocer malvadamente las intimidades y faltas de otro; la delación que denuncia secretamente la comisión de faltas que las autoridades pueden castigar; la calumnia que une la maldad con la mentira y puede llegar a ocasionar estragos en las familias y en las naciones. En suma, son censurables todos los actos que dañan el honor.

La calumnia y el daño al honor son temas ancestrales y tan antiguos como la humanidad, son el arma favorita de los traidores, gratuitos detractores, fracasados, mediocres y de los envidiosos. Con demasiada frecuencia se comete el error de decir: "no hay humo sin fuego" es entonces cuando los difamadores pérfidos aprovechan este estado de espíritu al repetir esta frase: "calumnia, calumnia que algo queda". En contraposición es conocido el axioma: "un brillante brilla hasta en el basural".

Dañar el honor es la sempiterna agresión rastrera y furtiva de quienes son incapaces de enfrentar a sus enemigos de frente y sin temor a las consecuencias. Recordemos que la calumnia y sus consecuencias son el tema central de la obra clásica "Otelo" de William Shakespeare.

Sin embargo, es preciso aclarar que cuando se presenta un caso de verdadero interés nacional  como ser la falta de honradez de ciertos hombres públicos y la denuncia va acompañada de pruebas, las responsabilidades consecuentes van implícitas; el cumplimiento de este deber constituye un acto tanto más meritorio, cuanto mayores son los riesgos de los que va acompañado.

¿Cómo comportarnos con quien nos ha hecho daño o nos ha ofendido? La moral religiosa de Cristo y de Buda nos dicen que "hay que ser indulgente y perdonar"; idea aceptable, sin embargo, no confundamos el perdonar con nuestro deber de  precautelar nuestros derechos y defender nuestro honor cuando éstos son vulnerados, violados, vejados o vilipendiados.

El pensamiento del célebre Confucio parecer ser menos idealista cuando se trata de "devolver bien por bien y justicia por injusticia" acotando su magnánima sentencia: "deseo larga vida a mis enemigos…para que contemplen mis éxitos".

Amar amando © Ivette Durán Calderón


@ Ivette Durán Calderón


Ahí, anhelando amar, acariciar, abrazar a alguien, acabó agonizante, Arcadio.

Así aligerado, acaso amó antes. Ahora ante amargas añoranzas, ahuyenta anhelos, añora amores, ansía amantes. Acaso algunas almas aclaman aún ayuda ante ásperas alucinaciones, acaso acercan aligeradas aquellos amores amargos acrecentados ante arteras ausencias, ásperos abrazos, arrumacos álgidos, ¿acaso así amó Arcadio?

Aplastó amigos, amores, amantes, anhelos, anidando angustia, acumulando antipatía, arrasando atisbos ardientes agonizantes, altivo, augusto, astuto, aborrecible. Así amó Arcadio.

Aguanta ahora altivo, antes arrogante, artero; aguanta Arcadio, aguanta. Acaso acertarás arrodillado ante altares antes abandonados. Apremia alcanzar aprendizaje, así, ahora ante agonizantes arrepentimientos, acariciando aromas, abrazando absurdas alucinaciones, anhelando amores, añorando amantes, ansiando amigos antiguos antes aborrecidos, Arcadio ansía amar.

—Apróntate a alcanzar armonía, alborozo, amor auténtico, apresúrate amor, acaso alcances absolución, aquí aguardo ansiosa.—Así alucinaba atormentada Artidia, aquella amante aborrecida, abandonada años antes, aún amaba a Arcadio.


Ajeno a Artidia, antes amante, ahora amor, acaso amiga, Arcadio agonizaba… ansioso; agonizaba angustiado, anhelaba amar a alguien auténticamente, amar  acariciando, amar amando.

Dimmi...© Kary Kamalich


domingo, 2 de marzo de 2014

Vivir en el anonimato




Nietzche afirma que la modestia es una gran mentira…admirable tal vez si tiene límite, como lo es para mí la alabanza, aunque digo que en voz propia… envilece, cierra puertas y ventanas, despierta pasiones encontradas, envidia, frustración ... aparejadas.
Vanidad absurda y modestia persistente, separadas por un abismo sin aprender a situarse… no logran ubicarse en el justo medio del valor o la cobardía.
¿Qué falta…? Tal vez apreciación cierta de la real valía sin lesionar vanidad ni modestia.
Falsa modestia... que esconde cualidades. Cobarde sentimiento injusto que no permite dar a conocer lo que se es... lo que se tiene... lo que se sabe.
“Por sus obras los conoceréis” …dice la Biblia. ¿Cómo dar a conocer las mejores obras…? …¿Dónde? …¿Sin despertar envidia…ni ser ególatra, o hacerse esclavo de la vanidad?
Vivir en el anonimato, o… casi, es depender de estribos inferiores, disponibles, perennes pero fríos, porque la vida…la vida es una constante duda entre el recato y la jactancia.

Es entonces cuando el anonimato se convierte en el mejor escudo contra la envidia, la maldad. Es entonces cuando uno debe mostrarse al mundo con esa falsa modestia que le permitirá subsistir. Es entonces cuando se cumple la locución del comediógrafo latino Tito Macio Plauto  en su obra Asinaria, donde el texto exacto dice: "Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit." (Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro).

miércoles, 25 de diciembre de 2013

No me conoces © Ivette Durán Calderón





No me conoces
@Ivette Durán Calderón

Me crees ingenua,
entre todas...cándida,
vestida de dudas,
bañada en promesas.

Me visto de ingenua,
como todas... cándida,
desvisto mis dudas,
no creo en promesas. 

sábado, 21 de diciembre de 2013

Quatre heures…avec toi ©Ivette Durán Calderón



Les mêmes causes produisent les mêmes effets. La mûrissante couleur de la pénombre la fin de ma sieste. Infailliblement, la chatte prostrée va a s’allonger  jusqu’au prodige, extraire d’ellemême une patte de devant dont personne me connait la longueur exacte, et dire, d’un bâillement de fleur: “Il est quatre heures bien pasées… avec toi… voici comment cela peut arriver. ”