domingo, 22 de mayo de 2016
Cuestión de urbanidad
©Ivette Durán Calderón
No es cuestión de protocolo, ceremonial ni simple cortesía, es cuestión de urbanidad, sin caer —que no estaría mal—, en los mal llamados arcaísmos de Las Máximas de Ptahhotep; los claros preceptos sociales de Confucio; las normas de Luis XIV; Erasmo de Roterdam y su libro sobre los buenos modales; Baldassare Castiglione (el cortesano)y sus estrictas reglas para los caballeros; El Galateo, escrito por Giovanni della Casa; Adolph von Knigge y su libro Uber den Umganng mit Menschen (Relaciones Humanas) y el Manual de Urbanidad del recordado profesor Carreño, quien educó a muchos hoy abuelos o padres y sus consejos van rotando de generación en generación, de manera oral, y particularmente con el ejemplo de sus actos diarios.
No es que me considere una dama a
la antigua, más bien me considero una mujer muy acorde a la vida diaria, me
gusta vestir a la moda, siempre y cuando esa moda me favorezca, en cuanto a
colores, corte, diseño y accesorios. Lo cierto es que mi actividad —que me
obliga a viajar constantemente—, y a mantener actualizados mis
conocimientos acerca de las normas sociales y las reglas básicas de etiqueta
social de cada país, tomando en cuenta, además, aquellos desagradables estratos
sociales, los que —más que sociales—, son más bien, económicos y no todos, de
buenas costumbres.
Y es que cada país, tiene sus tradiciones
tan castizas, como curiosas; sin embargo, existe un patrón común, que es a todas
luces, universal: consideración, higiene y respeto. Sumamos a este aspecto, las
tres llaves de oro de las relaciones humanas: “por favor”, “disculpe” y “gracias”,
es decir, las normas básicas de la urbanidad y los buenos modales.
Las normas básicas de urbanidad y convivencia social son parte de las relaciones humanas desde tiempos inmemoriales, en cualquier punto geográfico y en cualquier idioma. Así ha sido, así es y así será.
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lunes, 11 de abril de 2016
Geopolírica - Geopolítica y Lírica, subsecuencia de la historia de los pueblos ©Ivette Durán Calderón
©Ivette Durán Calderón
El término Geopolítica, es un neologismo cuyo creador es el geógrafo sueco Rudol Kjellén, ya que explicó los principios fundamentales de tal palabra en su obra titulada: Introducción a la Geografía Sueca el año 1900, seis años más tarde, al publicar otro de sus libros: El Estado como Organismo Viviente, introdujo el término. La Geopolítica es una ciencia que se ocupa del estudio de la historia y la vida de los pueblos en su entorno geográfico. Generalmente se respalda en otras disciplinas, como ser la Historia, la Geografía descriptiva y la Geografía Política.
Cuando la palabra se convirtió en
el principal medio de comunicación, el
ser humano se volvió un animal comunicador.
Aprendió a vincular su lenguaje oral con signos y dibujos que le
permitían transmitir sus mensajes entre los miembros de su comunidad, creando
de ese modo, un sentido de pertenencia geográfica de su colectividad.
Las antiguas culturas del actual
territorio latinoamericano —mayas, aztecas, aymaras, quechuas, guaraníes y
mapuches—, siempre fueron poseedores de
su propia historia, la cual fue transmitida oralmente por medio de cánticos,
lamentos, rogativas y salutaciones, primero, y a través de signos y alegorías,
después. Las expresiones lingüísticas que crearon para mantenerse comunicados y
marcar su soberanía territorial, dieron paso a los diferentes dialectos
territoriales. En aras de la expansión, iban conquistando territorios a través
de contiendas bélicas; los vencedores imponían su dialecto, sus deidades y sus costumbres a
los vencidos.
Por lo tanto, su historia siempre ha estado intrínsecamente
ligada a la lírica metafórica, la cual permitió la comunicación con sus
colonizadores, ya que, además de estar obligados a aprender un nuevo idioma y
ser sometidos a través de la religión,
estaban moralmente comprometidos a mantener sus raíces culturales. Todo esto lo permitieron las metáforas de la
lírica que era empleada para catequizarlos, y también para mantenerse
comunicados entre ellos. Los versos líricos siempre fueron el vehículo
transmisor de la historia, aunque algunos filósofos discernían entre aceptar la
poesía o la filosofía, como verdadero testimonio de la historia de los pueblos.
Fue precisamente una metáfora, la
primera definición de aquella América descubierta por europeos que tenían la visión y conocimientos
del Renacimiento. Asimismo, el sacerdote español y cronista de indias, Juan de Castellanos
(1522-1607) —autor de los ciento cuarenta y cuatro mil versos de sus Elegías de varones ilustres de Indias—,
escogió versos en octavas reales para reseñar la odisea de Cristóbal
Colón, en ellas describe el desconcierto de los conquistadores, frente a los primeros indígenas americanos
encontrados en el Caribe:
[…]“Y ven desde los pies a la cabeza
andar hombres desnudos por las playas,
mujeres do la vista se endereza,
sin arreos de mantas ni de sayas,
por ser sus policías y conciertos,
andar galán y dama descubiertos.
Salían a mirar nuestros navíos
volvían a los bosques espantados,
huían en canoas por los ríos,
no saben qué hacerse de turbados;
entraban y salían de buhíos,
jamás de estraña gente visitados;
ningún entendimiento suyo lleva
poder adevinar cosa tan nueva. […]
Fueron estas naciones divididas
de las partes do fueron procedentes,
antes de ser las letras entendidas
ni se comunicara a todas gentes;
como tampoco son hoy conocidas
de infinitos hombres incipientes…”[…]
He aquí, el lazo amoroso entre
historia y lírica, ya que el poeta supo intuir y sentir aquello que los
soldados ni siquiera sospechaban.
Este recorrido imaginario desde
tiempos precoloniales, conquista, independencia y demás sucesos históricos, aún
en nuestros días embelesa por la sutil descripción de los acontecimientos y lugares hechos
verso, sumada la mágica transmisión de sentimientos.
Geopolírica es un neologismo, uno
más de los miles que produjo el encuentro de culturas con sus respectivas
lenguas o dialectos, donde se incorporaron palabras y expresiones indigenistas
al castellano de los españoles y hasta al portugués de los lusos
conquistadores, asimismo, el efecto contrario fue, que más que introducir
expresiones castizas y autóctonas de los pueblos conquistados, éstas se
distorsionaron y se adaptaron para ser utilizadas como instrumento de
evangelización, hasta que aceptaron que
la mejor forma de comunicarse era americanizando su lenguaje castellano
—conocido como español—.
La lírica poética, a través de la
literatura es el mejor nexo cultural, mucho mejor que las ciencias sociales y
que las ciencias políticas y es, a través de sus diversos representantes sin
distinción de sexo o raza, que llegó hasta nuestros días la verdadera historia
de los pueblos. Aquí no se impone la fuerza viril de los varones ni la delicada
pluma femenina, tampoco la lírica angustiosa y valiente de los poetas negros —llamados
actualmente afroamericanos—, precisamente por eso, es que la lucha
permanente por mantenerse viva la lírica indigenista, merece nuestro apoyo, a
través de la difusión y el respeto.
La mezcla de dialectos, lenguas e idiomas generada por la presencia
árabe, morisca, ibérica, celta, romana y autóctona —incluyendo las lenguas romances—, se ha visto desde sus
inicios, domeñada por el panteísmo indígena latinoamericano, volviendo de ese
modo, armónica y solemne la comunicación oral, a la que incorporaron sus instrumentos musicales autóctonos,
imbuidos por la influencia africana llena de ritmo, dulzura, fuerza y
sensibilidad.
La pléyade de poetas y poetisas que fueron surgiendo,
dejaron imperecedera huella de su lírica en todo el ámbito geográfico que les
ha tocado recorrer y vivir por periodos de tiempo indeterminados, fieles
historiadores de la vida, se hicieron eco de los acontecimientos políticos y
sociales de cada momento histórico; son los genuinos representantes de la Geopolírica,
la misma que sin ser ciencia propia, ha sido, es y será parte de todas las
ciencias afines a los pueblos.
*(Libro Geopolírica .Cap.: Lírica latinoamericana ©Kary Kamalich)
*(Libro Geopolírica .Cap.: Lírica latinoamericana ©Kary Kamalich)
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miércoles, 6 de abril de 2016
De nadie
©Ivette Durán Calderón
[...]De extintos ilustres dicen
que fueron amigos suyos,
ésos que están orgullosos,
no son ni míos, ni tuyos...
son fantasmas envidiosos,
que su ignorancia maldicen.[...]
que su ignorancia maldicen.[...]
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miércoles, 23 de marzo de 2016
Derecho a guardar silencio
martes, 8 de marzo de 2016
Dolor y arte © Ivette Durán Calderón
© Ivette Durán Calderón
Volverás, amor, has de volver,
porque no podrás alejarte fácilmente
aunque la muerte no te deje ver,
sentirás mis besos en
tu frente.
No llores más porque te vas amor,
mereces dormir
tranquilamente
tus labios fríos , sensuales, sin color,
depositarán un beso en mi alma doliente.
Volverás porque morir es parte de la vida,
muerte y vida no pueden ir aparte.
Vivir no es salvación, ni morir una huida.
Yo velaré por ti sin despertarte,
tu pasearás por mi mente dormida
lienzo y pincel... de una obra de arte.
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miércoles, 17 de febrero de 2016
Nuestros derechos culturales, también son derechos humanos @Ivette Durán Calderón
@Ivette Durán Calderón
La cultura
es un tema de dignidad humana, ejercer
libremente nuestro legítimo derecho cultural, nos permite contar con una
identidad, formar parte de una comunidad y mostrar su diversidad cultural en
cualquier territorio con la premisa de proteger la dignidad humana.
Nuestros derechos
culturales, contemplan en sí mismos, una serie de obligaciones que adquieren
los países con el fin de respetarlos, protegerlos, garantizarlos y promoverlos
a través de la adopción de medidas específicas para la implementación de
políticas de Estado, claramente definidas respecto de tales derechos. Son
exigibles y no deben ser vulnerados.
Nuestros
derechos culturales están reconocidos a nivel internacional, nacional y local a
través de varios instrumentos jurídico-legales como ser: El Pacto Internacional
de derechos Económicos. Sociales y Culturales, entre otros; la Carta Magna o
Constitución Política de los diferentes
países y asimismo, les Leyes, Normas, Decretos y disposiciones varias.
De hecho,
la Declaración Universal de los Derechos Humanos cita en sus Arts. 22 y 27 la satisfacción de
los derechos culturales y la participación en la vida cultural de la comunidad.
La Declaración Universal de la UNESCO sobre la Diversidad Cultural establece
que la cultura es el conjunto de rasgos
distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan
a una sociedad o a un grupo social que abarca además de las artes y las letras,
los modos de vida, las maneras de vivir juntos, los sistemas de valores, las
tradiciones y las creencias. Citamos también la Observación General No. 21
del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales; y la Declaración de Friburgo
sobre los Derechos Culturales, una iniciativa de la sociedad civil emitida en
2007.
Debemos
entender como identidad cultural a todo el conjunto de referencias culturales
por el cual una persona individual o colectivamente, se define, se constituye,
comunica y entiende ser reconocida en su dignidad. Asimismo, los derechos
humanos son los atributos inherentes a la dignidad humana reconocidos y
protegidos por el marco jurídico local, nacional e internacional.
Siendo
nuestros derechos culturales, parte de los derechos humanos, debemos aprender a
defenderlos dentro de diferentes espacios culturales donde pueden darse
posibles vulneraciones, como ser que nieguen a la ciudadanía del uso de algún
espacio público asignado precisamente, para fines culturales, sin que medien
razones legales ni argumentadas. Asimismo, cuando los inmuebles que albergan
bibliotecas o centros de cultura públicos son cerrados o sus actividades sean
suspendidas indebida y/o arbitrariamente.
Tenemos
derecho a acceder a la información pública sobre cultura, incluyendo los montos
asignados (subvenciones, aportes, colaboraciones) a la cultura y programas públicos.
En cuanto a
las actividades culturales, propiamente dichas,
recordemos que cuando los talleres culturales lúdicos o recreativos
programados y organizados en espacios públicos, se suspenden o cierran sin
motivos justificados, están vulnerando nuestros derechos. Lo mismo ocurre si
nos imponen cobros indebidos o abusivos para acudir a inmuebles del patrimonio
inmobiliario cultural.
Todos
tenemos derecho al acceso a la cultura, asimismo, tenemos derecho al ejercicio
de nuestros derechos culturales, por ello las autoridades pertinentes deben
promover a los medios para la difusión y desarrollo de la cultura en todas sus
manifestaciones y expresiones, respetando además la libertad creativa en sus
diferentes manifestaciones.
Podemos disfrutar
de nuestros derechos culturales si nos
permiten el acceso a diferentes actividades culturales; si nos permiten
expresar y desarrollar nuestra propia identidad cultural y nuestras actividades
artísticas de manera libre; si no nos discriminan en la vida cultural, si nos
permiten participar libremente en las actividades culturales; si respetan y
reconocen la diversidad cultural, la conservación y la promoción de las
tradiciones; si gozamos y disfrutamos de
los beneficios del progreso científico y de sus aplicaciones; si promovemos y
gestionamos los bienes y servicios culturales y si protegen nuestros derechos
de autoría.
Concentrar
los espacios culturales en algunas zonas que se consideran privilegiadas, va en
contra de la obligación de garantizar los derechos culturales de las personas y
comunidades, precisamente de eso trata la Declaración de Friburgo, ya que
enfatiza en que la cultura comunitaria da cuenta del ejercicio de estos
derechos humanos en los distintos espacios y puntos masivos de encuentro
social. Este proceso genera comunidad, fomenta una cultura de paz, fortalece
los lazos de socialización, construye ciudadanía e impulsa la libertad de
ejercer los derechos humanos en el territorio.
Declaración de Friburgo: 1.
Toda persona tiene derecho a tomar parte
libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a
participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten. 2. Toda persona tiene derecho a la protección
de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las
producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora.
El actor
cultural no solo es el artista, somos todos.
(Ponencia 16/02/2016 Pontevedra, Galicia, España)
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