domingo, 2 de marzo de 2014

Vivir en el anonimato




Nietzche afirma que la modestia es una gran mentira…admirable tal vez si tiene límite, como lo es para mí la alabanza, aunque digo que en voz propia… envilece, cierra puertas y ventanas, despierta pasiones encontradas, envidia, frustración ... aparejadas.
Vanidad absurda y modestia persistente, separadas por un abismo sin aprender a situarse… no logran ubicarse en el justo medio del valor o la cobardía.
¿Qué falta…? Tal vez apreciación cierta de la real valía sin lesionar vanidad ni modestia.
Falsa modestia... que esconde cualidades. Cobarde sentimiento injusto que no permite dar a conocer lo que se es... lo que se tiene... lo que se sabe.
“Por sus obras los conoceréis” …dice la Biblia. ¿Cómo dar a conocer las mejores obras…? …¿Dónde? …¿Sin despertar envidia…ni ser ególatra, o hacerse esclavo de la vanidad?
Vivir en el anonimato, o… casi, es depender de estribos inferiores, disponibles, perennes pero fríos, porque la vida…la vida es una constante duda entre el recato y la jactancia.

Es entonces cuando el anonimato se convierte en el mejor escudo contra la envidia, la maldad. Es entonces cuando uno debe mostrarse al mundo con esa falsa modestia que le permitirá subsistir. Es entonces cuando se cumple la locución del comediógrafo latino Tito Macio Plauto  en su obra Asinaria, donde el texto exacto dice: "Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit." (Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro).

miércoles, 25 de diciembre de 2013

No me conoces © Ivette Durán Calderón





No me conoces
@Ivette Durán Calderón

Me crees ingenua,
entre todas...cándida,
vestida de dudas,
bañada en promesas.

Me visto de ingenua,
como todas... cándida,
desvisto mis dudas,
no creo en promesas. 

sábado, 21 de diciembre de 2013

Quatre heures…avec toi ©Ivette Durán Calderón



Les mêmes causes produisent les mêmes effets. La mûrissante couleur de la pénombre la fin de ma sieste. Infailliblement, la chatte prostrée va a s’allonger  jusqu’au prodige, extraire d’ellemême une patte de devant dont personne me connait la longueur exacte, et dire, d’un bâillement de fleur: “Il est quatre heures bien pasées… avec toi… voici comment cela peut arriver. ”


miércoles, 13 de noviembre de 2013

Humboldt y Simón Bolívar – Nace la idea de libertad para el Sur. @Ivette Durán Calderón




@ Ivette Durán Calderón

Se rumoreaba que el inquieto explorador y naturista alemán había muerto en América, por ello el retorno de Alexander Humboldt sorprendió a Europa, su pasión por la botánica, la geología y la mineralogía lo animaron a pedir permiso para embarcarse rumbo a las colonias españolas de América del Sur y Centroamérica, su prolongada ausencia había generado hablillas de las más inverosímiles como las de París, en las que decían que había muerto a manos de unos aborígenes, o las de Hamburgo que aseguraban su muerte a causa de la fiebre amarilla.
Al desembarcar en Francia, Humboldt pudo darse cuenta que en los cinco años de su alejamiento hubieron grandes cambios, tantos, que la república que él dejó estaba convertida en un poderoso imperio a la cabeza de Napoleón Bonaparte, quien había convertido a París en el centro científico del mundo por su gran afición al desarrollo de las ciencias. Decidió entonces asentar su residencia en París para dedicarse a la recopilación, ordenación y publicación del material recogido en su expedición, contenido todo él en treinta volúmenes que llevan por título Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente.
Pese a lo modesto de su hogar, no tardó en convertirse en el centro de reuniones de los hombres de ciencia, artistas, estadistas y lo más selecto de la sociedad parisina.
Fueron esas circunstancias las que reunieron al entonces futuro libertador de naciones, el venezolano Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios Ponte-Andrade y Blanco, de veintidós abriles, con el alemán Friedrich Wilhelm Heinrich Alexander Freiherr von Humboldt quien contaba entonces con treinta y seis años de edad, quien además de erudición, sabiduría y entusiasmo contagiantes al hablar sobre el clima, la flora y la fauna de los lugares visitados, podía determinar longitudes y latitudes, medidas del campo magnético terrestre, como esmerarse en explicar las estadísticas de las condiciones sociales y económicas que se daban en las colonias de España.
Bolívar lo escuchaba embelesado y sorprendido de enterarse de los sentimientos y aspiraciones que se manifestaban en los pueblos sudamericanos, despertaban su interés tanto la realidad de los Valles de Aragua, como Nueva Granada, Venezuela, Quito, Perú y esas extensas llanuras del sur; fueron veladas tan amenas como extensas, Humboldt con su vasta cultura enciclopédica, pergreñaba su gran obra abarcando campos tan dispares como los de las ciencias naturales, la geografía, la geología y la física. Le complacía repetir la traducción española de su nombre: Federico Guillermo Enrique Alejandro de Humboldt. Ambos bromeaban acerca de lo difícil que era para sus interlocutores memorizar sus extensos nombres y apellidos, aunque cada uno se presentaba a sí mismo como Simón Bolívar y Alexander Humboldt, respectivamente. No sabían en ese entonce que ambos iban a disfrutar de las mieles del amor con una misma damisela, a quien recordarìan como la “Güera” Rodríguez, una hermosa mujer mexicana que habría enseñado el arte del amor a Simón Bolívar cuando apenas era ambos mozuelos, y mostrado detalladamente la geografía de su cuerpo al viajero y científico alemán. Quien visite Guanajuato, podrá escuchar tal historia.
Una tarde, convencido de que ya había escuchado lo suficiente y de coincidir con el sentir de su amigo, Bolívar exclamó eufórico: “Radiante destino en verdad, el del Nuevo Mundo, si sus pueblos se vieran libres de ese yugo, y ¡qué empresa más sublime!” recibiendo la inmediata respuesta de  Humboldt:  –“Yo creo que su país está ya maduro, sin embargo no veo al hombre que pueda realizarla”. Esas palabras laceraron el sentir del joven americano, sintió un estremecimiento y guardó silencio.
Aquel memorable día, haciéndonos eco del decir de Jules Mancini biógrafo clásico del Libertador, salió Bolívar meditabundo de la habitación de Humboldt, retumbaban en sus oídos aquellos problemas sociales sudamericanos, quedó convencido de que su amigo repudiaba la esclavitud y que combatía toda forma de opresión y discriminación. Un resplandor había iluminado su espíritu. Acababa de ver el objetivo hacia donde dirigir sus energías, vislumbró la obra magna a la que habría de dedicarse. Resolvió no continuar viviendo tan inútilmente y desde ese mismo instante se consagró a la libertad tal como se habría entregado a los goces del placer.  Ese día nació la firme idea de coadyuvar a la liberación de las que son hoy seis naciones: Bolivia, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú y Venezuela.
Simón y Alexander, Bolívar y Humboldt fueron amigos entrañables, mantuvieron correspondencia mientras pudieron, pero una misiva fue especialmente importante, la Carta de Jamaica - sellada el 15 de septiembre de 1815- donde se establecen las razones de los españoles americanos para la independencia, el llamado a Europa a apoyar la causa hispanoamericana y las perspectivas futuras de cada república, fueron las bases de lo que hoy conocemos como “El arte de la independencia”. Cada uno por su lado, dispuso de su fortuna personal para financiar sus ideales. Bolívar solía decir de Humboldt: "Descubridor científico del Nuevo Mundo cuyo estudio ha dado a América algo mejor que todos los Conquistadores juntos". En 1827 Humboldt regresó a Berlín, se involucró en la recuperación de la comunidad académica y científica alemana; fue nombrado chambelán del rey y se convirtió en uno de sus principales consejeros. Por su parte Bolívar había ya alcanzado la gloria como Libertador y luchaba por la federación de las naciones libertadas.
Fuentes de consulta:
ÁLVAREZ LÓPEZ, ENRIQUE. 1960. “El viaje a América de Humboldt y Aimé Bonpland y las relaciones científicas de ambos expedicionarios con los naturalistas de su tiempo”. Tomo II
MANCINI, JULES. 1944 “Bolivar et l'émancipation des colonies espagnoles des origines à 1815”
CHARDON E. CARLOS. 1949 “Los naturalistas en la América Latina”. Tomo I


martes, 8 de octubre de 2013

Amar a México ©Ivette Durán Calderón





@ Ivette Durán Calderón*

Amar a un país, cuna de tu nacimiento o amoroso abrigo del foráneo, es de bien nacido. Cuidar el nombre de tu suelo patrio es un deber, pero mucho más lo es mantener en alto su bandera.
Amar a un país no es solamente amar su suelo, su gente, su comida, sus costumbres, su idiosincrasia y sus tradiciones, sino aprender a convivir con ellas.
México de manera especial, como país latinoamericano y geográficamente ubicado en América del Norte, absorbe día a día la interculturalidad por ser país receptor de inmigrantes y exportador de emigrantes.
Mexicanos y mexicanas luchan por sus intereses, lidian con los avatares políticos, sopesan la inconformidad de las masas, toleran inconformes la corrupción,  luchan contra la violencia,  sufren impotentes  el flagelo del narcotráfico y se solidarizan ante cualquier desastre de la naturaleza.  A ellos se suman los miles de habitantes extranjeros residentes o turistas de paso que llegaron y decidieron quedarse. Es decir, en México, nada  hay que sea distinto a cualquier otro país del mundo en mayor o menor medida.
En México la lengua oficial es el español, pero su español tiene la peculiaridad de contar con modismos  expresivos tan marcados que indudablemente hablan un español mexicanizado, no solamente por la entonación o acento, sino por las palabras, expresiones y jerga popular , sin ella es casi imposible tanto hablar como entender lo que se habla.
“¡Mande!”, para pedir la repetición de una pregunta, o para responder a un llamado; “¿A poco?” para expresar sorpresa de manera interrogativa (frase sinónima de ¿es verdad lo que dices?);  “¡Aguas!” equivale a advertencia de peligro o toma de previsiones;  “¡Abusado(a)!”  para pedir que tomen recaudos y evitar ser sorprendidos. En fin, la lista es larga.
El lenguaje gestual es muy importante pues la vulgarmente famosa “peineta” (exhibir el dedo medio) o la igualmente vulgar “corte de manga” (doblar el brazo y a la altura interna del codo colocar la mano opuesta) en México, se reemplaza con la “garra” (mostrar la mano con los dedos doblados exhibiendo las uñas) señal de protesta, rebeldía, insulto, negativa; y de esos hay varios ejemplos.
Caminar por cualquier Estado mexicano y disfrutar de su variada gastronomía  es ritual diario. La cocina tradicional mexicana es un modelo cultural completo que comprende actividades agrarias, prácticas rituales, conocimientos prácticos antiguos, técnicas culinarias y costumbres y modos de comportamiento comunitarios ancestrales. La declaración que se hizo a la comida mexicana como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por parte de la UNICEF, está plenamente justificada, a ello hacen honor los tradicionales “tacos”, “quesadillas”, “sopes”, “gorditas”, “pastes”, “chilaquiles”, “mole”, “tamales”, “atole”, “tinga”, “pozole” y un interminable etcétera, al cual añado el tequila, pulque y otras bebidas espirituosas sin olvidar su "aguas" de guayaba, jamaica, tamarindo y demás exquisiteces.
El mariachi, música de cuerdas, canto y trompeta, es sólo una parte del magnífico folklore mexicano, México es más que mariachis, México es la cuna de artistas, actores y actrices de renombre internacional, cantantes, poetas y escritores que brillaron y triunfan allende fronteras.
México como cualquier otro país cuenta con gente buena y de la otra, la mayoría es gente bondadosa, noble, afectiva y hospitalaria. México muestra las maravillas históricas de su rica cultura frente a la modernidad y desarrollo permanente.
Por todo eso, y aunque me quedé corta, yo amo a México.
*ivette Durán Calderón es escritora e investigadora contemporánea.



sábado, 13 de julio de 2013

No cabe duda alguna


No cabe duda alguna


@ Kary Kamalich

Tuve largas noches de insomnio,

derramé amargas lágrimas,

reí sin motivo alguno,

canté sin darme cuenta,

recibí el más dulce abrazo,

disfruté el más tierno beso.

No cabe duda alguna,


amé…fui amada.